Este texto quería publicarlo antes, pero me ganó el tiempo. Espero de igual modo pueda ser rezada.

tu venida entre nosotros,
todos los años llenamos de guirnaldas nuestras casas
y con luces de neón adornamos todos los rincones posibles.
Es como si nos costase aceptar
que toda tu riqueza se muestra en la sencillez de unos pañales,
nos cuesta admitir
que la grandeza divina ha llorado porque tenía hambre.
Jesús, muchas veces hemos confundido belleza con despilfarro,
hemos cambiado el pesebre con animales
por una cuna bonita para que sea “más digna de Dios”
dejando de lado lo denunciante que es la “pobreza de Dios”
con todo eso (y mucho más)
hemos suavizado lo crudo de no poseer nada
para que no nos afecte.
Y así hemos colocado en nuestros pesebres
campanas doradas y bellas,
ángeles esbeltos y rubios,
burros cada vez más finos
y vacas cada vez más limpias.
J
y sabemos que es difícil ir contracorriente,
que los medios de comunicación, sus propagandas,
las tiendas, los anuncios,
la gran sociedad de consumo
nos hacen olvidar lo principal de esta fiesta.
Todos ellos quieren hacernos creer que lo importante es gastar
y por eso olvidamos ser solidarios,
así como tú mismo lo has sido
al hacerte igual a nosotros.
Jesús, es por eso que queremos darnos un alto,
queremos detenernos y pensar nuestras actitudes,
reconocer que por tu Encarnación
has invertido los valores que poseemos:

lo divino se encuentra tomando teta,
lo divino hace su puchero cuando quiere llorar,
lo divino se asusta cuando hay un ruido fuerte,
lo divino tirita de frío cuando no está abrigado,
lo divino está gritando porque necesita un cambio de pañales.
¡Dios, qué gran tipo eres! ¡Te haces frágil!
¡Te haces indefenso! ¡Te haces vulnerable!
Dios te has hecho niño
para que los manganzones como nosotros
comprendamos bien que no rechazas lo humano,
que nada de lo humano te es indiferente,
que aceptas lo humano y lo amas.
Eres un Dios que se preocupa por nosotros.
Danos Jesús el coraje de no callar tu pobreza

que denuncia la riqueza de muchos,
danos la valentía de valorar mucho más
los gestos de cariño que las cosas que nos dan,
danos el valor de hacer de nuestros pesebres
verdaderos símbolos de compromiso
frente a nuestra sociedad de consumo,
danos la libertad que nos impulse
a construir el Reino que, por Ti, ya está en medio de nosotros.
17 de diciembre de 2009






















