domingo, 27 de diciembre de 2009

Para una noche como esta…
Este texto quería publicarlo antes, pero me ganó el tiempo. Espero de igual modo pueda ser rezada.



Jesús, todos los años celebramos
tu venida entre nosotros,
todos los años llenamos de guirnaldas nuestras casas
y con luces de neón adornamos todos los rincones posibles.
Es como si nos costase aceptar
que toda tu riqueza se muestra en la sencillez de unos pañales,
nos cuesta admitir
que la grandeza divina ha llorado porque tenía hambre.

Jesús, muchas veces hemos confundido belleza con despilfarro,
hemos cambiado el pesebre con animales
por una cuna bonita para que sea “más digna de Dios”
dejando de lado lo denunciante que es la “pobreza de Dios”
con todo eso (y mucho más)
hemos suavizado lo crudo de no poseer nada
para que no nos afecte.
Y así hemos colocado en nuestros pesebres
campanas doradas y bellas,
ángeles esbeltos y rubios,
burros cada vez más finos
y vacas cada vez más limpias.

Jesús, somos conscientes de esto
y sabemos que es difícil ir contracorriente,
que los medios de comunicación, sus propagandas,
las tiendas, los anuncios,
la gran sociedad de consumo
nos hacen olvidar lo principal de esta fiesta.
Todos ellos quieren hacernos creer que lo importante es gastar
y por eso olvidamos ser solidarios,
así como tú mismo lo has sido
al hacerte igual a nosotros.

Jesús, es por eso que queremos darnos un alto,
queremos detenernos y pensar nuestras actitudes,
reconocer que por tu Encarnación
has invertido los valores que poseemos:
lo divino se encuentra tomando teta,
lo divino hace su puchero cuando quiere llorar,
lo divino se asusta cuando hay un ruido fuerte,
lo divino tirita de frío cuando no está abrigado,
lo divino está gritando porque necesita un cambio de pañales.

¡Dios, qué gran tipo eres! ¡Te haces frágil!
¡Te haces indefenso! ¡Te haces vulnerable!
Dios te has hecho niño
para que los manganzones como nosotros
comprendamos bien que no rechazas lo humano,
que nada de lo humano te es indiferente,
que aceptas lo humano y lo amas.
Eres un Dios que se preocupa por nosotros.

Danos Jesús el coraje de no callar tu pobreza
que denuncia la riqueza de muchos,
danos la valentía de valorar mucho más
los gestos de cariño que las cosas que nos dan,
danos el valor de hacer de nuestros pesebres
verdaderos símbolos de compromiso
frente a nuestra sociedad de consumo,
danos la libertad que nos impulse
a construir el Reino que, por Ti, ya está en medio de nosotros.




17 de diciembre de 2009

domingo, 13 de diciembre de 2009

Encarnación
una pequeña oración en el curso de cristología

Jesús, en la Encarnación has asumido nuestra carne,
todo lo humano te pertenece y nada de lo humano te es indiferente.
Has puesto tu tienda entre nosotros,
así has vestido pañales
y gritado fuerte cuando tenías hambre,
has gateado y dado tus primeros pasos,
has caminado y corrido como niño,
te has alegrado y también llorado,
mostrando con todo eso, en lo cotidiano,
toda la grandeza de la expresión de la humanidad.

Jesús, a lo largo de la historia
te hemos querido ver glorioso en los altares
y te hemos olvidado pequeño en Nazareth,
te hemos colocado coronas de oro y plata
y olvidamos que lo tuyo es hacer el bien,
te hemos regalado clavos de plata para tus cruces
olvidando que nuestra misión es amar.
Y así sin querer para hacerte más grande
te hemos reducido
y así menospreciado aquello que contigo y por ti cobró valor.

Jesús, el Cristo, nos has invitado a seguirte en medio del mundo.
Y en el mundo nos invitas a ser sal y luz,
ser agentes de cambio y transformación en el amor.
Esto sólo lo conseguiremos con la ayuda de tu Espíritu
que nos impulsa en todo instante
y que nos permite ver con otros ojos la realidad,
apasionándonos como tú por la persona
y construyendo desde lo que somos
la civilización del amor, tu Reino.

Y a este mundo al que debemos amar como tú,
enséñanos a valorarlo, a comprenderlo, a asumirlo,
a encarnarnos con todo lo que aquello implica
para que de este modo seamos testigos tuyos
estando atentos a los gritos de nuestro pueblo.

miércoles, 9 de diciembre de 2009



Oración para olvidar
Sé que propiamente teología no es, pero es algo que deseo compartirles.


Amar es una palabra
a la que me había ya habituado,
y hoy que no más la repito
te pido me ayudes a comprenderla mejor.
La vida me ha enseñado que debo seguir caminando,
que amarle no fue un error sino una oportunidad
para darme cuenta que estoy vivo,
para darme cuenta que crezco junto a otra persona.

Gracias Señor por darme esa capacidad de sentir más allá de mí,
gracias por mostrarme que puedo trascender junto a otra persona.
Y a pesar que todo ha terminado,
no puedo negarte, Señor, que le sigo amando,
que sigo sintiendo lo mismo,
que continúo recordando escenas juntos,
aunque sé también que nuestros caminos se abren por diferentes rumbos.

Ayúdame a olvidarle sin que por eso deje de recordar con cariño lo que siento,
ayúdame a que sea pronto para que todo esto no sea un peso,
ni para mí ni para quien digo amar,
mucho menos para quiénes preocupados por mí están en mi entorno.

Ayúdame a reconocer lo bueno que pasó
y no vivir pensando en lo que se pudo hacer,
ayúdame a que deje de sospechar insanamente
y a examinar con lupa los gestos que no se tuvo.

Ayúdame a purificar mis sentimientos
para que esto que siento no sea una búsqueda egoísta por parte mía,
convirtiéndose así en una satisfacción de mi propio ego y orgullo
que henchidos por la herida hacen mucho más daño.

Ayúdame para que en mi soledad no me derrumbe sino que encuentre fortaleza,
que al revisar lo que sucedió me alegre con los buenos momentos,
que no caiga en el pesimismo de creer que no volveré a amar nuevamente
y tampoco en la desesperación de querer encontrar a alguien que sólo llene mis vacíos,

sino que, Jesús, asuma todo lo que implica aquello que vivo
y desde esa realidad con luces y sombras pueda seguir creciendo
generando vida a través de mis gestos y palabras,
haciendo de ella, una experiencia redimida.

Gracias Jesús, sé que me escuchas
y sé también que aún la más grande decepción o ruptura
puede ser superada,
por lo que te pido algo más:
la suficiente fe para seguir creyendo en los demás
la suficiente esperanza para seguir caminando,
y el suficiente amor para comprometer mi existencia entera. Amén.

domingo, 6 de diciembre de 2009

¿Quién soy?
Permítanme presentarme...

Soy ave de paso
en el horizonte eterno de la vida;
soy arena de playa
tocada por el mar a cada instante;
soy agua mecida por el viento.

Soy roca dura que se resiste a moldearse;
soy sonido estrepitoso
en el silencio augusto de las divinidades.

Soy cielo límpido
que tiende a ennegrecerse por las vanidades;
soy tiempo que es gastado
al ser recorrido;
soy vasija de barro
al borde un precipicio. (Valparaíso, 3 de junio)

Llama fuerte que no quiere extinguirse,
mendigo eterno de eterno cariño
corre sin rumbo buscando cobijo,
luchando y necesitando el poder liberarse.
(Santiago, 22 de abril de 2008)

lunes, 16 de noviembre de 2009

Unas palabritas sobre el celibato eclesial...

Pienso antes que nada, que el celibato puede ser visto desde varios puntos de vista. El primero, es una forma de expresar un estado de vida que reproduce una antropología angélica; por otro lado, pienso que el celibato es y será una norma eclesiástica que más que restringir busca salvaguardar. Aunque en muchos momentos se ha vuelto en contra, debido al manejo de la afectividad.
No tengo nada en contra del celibato pero sí de un mal entendimiento de la afectividad y del cuerpo, que en vez de ser beneficioso se convierte en un arma letal, no sólo contra el individuo que queda reprimido sino contra la Iglesia misma que defiende algo que no ha calado sobre los que son invitados a vivir esta experiencia.

Creo que todo en el cristianismo es don y tarea, de hecho lo es, al menos eso pienso. La forma inadecuada de mostrar la afectividad o el cuerpo hace que la tarea se haga sobrehumanamente o "inhumanamente" dejándoselo todo a la gracia como si esta o el Espíritu Santo supliesen ante la poca ayuda humana.
Es un don sí, pero también es tarea y en ese sentido es una vocación. Uno se ve llamado a vivir esto. Por ejemplo, conozco "postulantes" a la VR que se muestran muy amantes de formas exteriores y muestran una vida espiritual reflejada en una disciplina, sin juzgarlos fácilmente podría decir que tienen vocación, pero la base humana ¿es la necesaria para que el don se dé en ellos? ¿se ha concientizado sobre la integración de la vida entera? Pienso que si bien es una vocación el celibato, a veces nos engañamos sobre nuestra llamada y respondemos a vocaciones que no son las nuestras.
Regresando a mi ejemplo, hay postulantes que han tenido incidencia afectiva con otras personas durante su experiencia postulantado y no es que eso sea motivo para que se le retire ¿pero si no ha sido sólo una vez sino más bien cuatro o cinco veces? ¿Podemos decir que estos jóvenes tienen conciencia de poder o no poder con el celibato?

El celibato no es el problema en la iglesia, el problema es que no se trabaja la suficiente confianza con los acompañantes para expresar situaciones afectivas, y esto debido al temor a que los saquen.
Hay dos partes en este asunto, una la conforma el joven que no asume el poder o no con esa práctica eclesial y por otro, qué tanto se hace para crear vínculos fraternos en las comunidades para dialogar abiertamente estas situaciones. ¡¡¡Hay que ayudar a clarificar motivaciones!!! Detrás de muchas poses se halla un temor a enfrentar la vida, detrás de piedades a veces se disfraza una negación de la persona misma. Para ser libres nos ha liberado Cristo, nos dice Pablo, parece hemos olvidado eso.

miércoles, 11 de noviembre de 2009


Dios me ama así
Señor, voy descubriendo que mi vida
es bastante compleja,
hay momentos en que me siento muy bien,
hay momentos en que me siento muy mal.

Hay días en que quiero dejar todo de lado,
días en que no quiero ir al colegio,
días en que todo me aburre.

Y es que este tiempo es difícil,
voy asumiendo mi cuerpo,
los cambios que van haciéndose evidentes:
el cambio de voz, los famosos granitos.
Cada cosa que me pasa hace que me sienta mal,
que sienta vergüenza, que sienta que todos me miran
y desean burlarse de mí.

Siento que no me entienden,
que quieren pasar sobre mí,
que no me toman en cuenta.

Y a pesar de todo,
tú me estás mostrando que
no te importan defectos y virtudes,
me amas como soy.
Me amas sabiendo
que estoy engordando, o adelgazando,
que tengo la voz cada vez más grave o más delgada;
me amas con mi acné, me amas con mi cabello impeinable.
Gracias, Señor, por mostrarme que me amas,
que con todo lo que soy
me invitas cada día a crecer,
a ser mejor persona.
Gracias, Señor, por aceptarme así
y por invitarme siempre a dar ese paso para ser mejor.
Acompáñame siempre

sábado, 15 de agosto de 2009

Cuando una nube gris
Cuando una nube gris oculte el maravilloso sol,
quiero que recuerdes algunas cosas:

Que estoy bajo el mismo cielo que tú,
aunque quizá lejos;
que no importa que sea la nube densa,
detrás de ella está el sol;
que aunque el frío se haga patente en nuestros cuerpos, hay un calor que nos brinda el sol
que nos permite estar vivos,
que puede caer una tormenta fortísima,
pero después aparecerá la luz radiante del sol;
que puede entristecerte el cielo gris profundamente,
pero no queda perdida la esperanza
de ver el brillo de un nuevo día.

Cuando una nube gris asome tu vida quiero que recuerdes:

Que estaré ahí, pensando en ti intentando ayudarte
si es que me dejas hacerlo;
que estará el amor que te tengo,
muy a pesar que no lo veas,
que querré darte el calor que necesitas
para poder superar cualquier situación;
que aunque no sean claros
el sentimiento y vivencia que pasas,
luego podrás ver claramente,
que aunque no estuve presente, estuve ahí;
que pensarás miles de cosas diferentes,
contradictorias y hasta fatales,
pero queda la esperanza de poder resolverlo,
y si quieres involucrarme en eso.

Cuando una nube gris asome tu vida, si quieres no me llames, pero no dudes que estaré contigo.

domingo, 26 de julio de 2009




LA COMUNIDAD: UNA PEQUEÑA MEDITACIÓN.

La comunidad a la que Lucas se dirige (la comunidad de Teófilo) es una comunidad que conoce él bien: conoce su problemática, su situación religiosa. Sabe que en ella existen cristianos ricos y cristianos pobres.

Cuando leemos este pasaje de Hechos de Apóstoles muchas veces idealizamos la posición que ella nos narra. A veces nos decimos ¿por qué no podemos vivir como vivieron ellos?

La comunidad de creyentes, los del “camino”, en la época de Lucas (finales del s. I) no vivían todo color de rosa. Sino más bien que estos escritos, el tercer evangelio y Hechos, responden a una problemática: en las comunidades se vive diferencias muy graves debido a la condición económica de algunos y un mal trato por parte de los que tienen y no tienen.

Este pasaje (2, 42ss) al igual que otros en este libro son llamados SUMARIOS (recurso literario muy usado por el autor ), en ellos se condensa información que quiere proponer a los lectores como PROYECTO, como ideal de vida. Lo que hace el autor es decirle a la comunidad ¿Por qué no viven esto? ¿No es aquello lo que Jesús querría?

¿Qué es lo que debe diferenciar a la comunidad? El autor de Hch. nos responde: “Los que habían creído estaban muy unidos y compartían sus bienes entre sí” (2,44). Lucas les está proponiendo un estilo de vida a la luz de Jesús. A esto se le ha llamado el “comunismo primitivo” , a ese momento en que la comunidad establece vínculos que superan el modo de vida común. Claro que esta idea de fraternidad ha sido gesta ya.

El famoso sumario de Hechos 2, 42 ss. es el que nos embarga en estos momentos. ¿Qué podemos decir en relación a nuestras comunidades?

“Todos se mantenían firmes en las enseñanzas de los apóstoles, compartían lo que tenían y oraban y se reunían para partir el pan”

“Todos se mantenían firmes en las enseñanzas de los apóstoles”
¿Cuál era esa enseñanza de los apóstoles? No se trata de doctrinas o estructuras, sino más bien del testimonio que ellos daban de Jesús. Para Lucas, el apóstol es el garante de la continuidad . Mantenerse firmes en esas enseñanzas es ser fieles a Jesús a quien ellos han conocido y han compartido con él. La persona de Jesús es la que debe ser la medida de pertenencia a la comunidad. Esa actitud debe marcar nuestra puesta en “camino”.
¿Qué tanto la comunidad conoce acerca de Jesús? ¿Lo conoce o se ha quedado en imágenes que deforman la personalidad de Jesús de Nazareth?

“compartían lo que tenían”
Esta es la segunda característica del ideal de comunidad. La experiencia de conocer a Jesús los llevó a un segundo momento: no permitir que existan necesidades entre ellos. No se trata sólo de un asistencialismo o de una actividad hueca. Si antes la experiencia de Jesús era lo que los marcaba y diferenciaba, ahora es el compartir la vida el signo de diferencia. Es bastante llamativo el hecho de quiénes conocen a Jesús de Nazareth por el testimonio de los apóstoles deseen despojarse de algunas cosas. La consigna es esta: no puede haber necesitados, no puede haber necesidad de ningún tipo. A veces hemos idealizado esta imagen en sólo una caridad sin entender la profundidad de la “creatividad social de la fe”. Un compromiso, una experiencia con el Señor hacía que se correspondiese a los hermanos. ¿Nuestras comunidades en verdad comparten la vida o se han enfriado debido a rigorismos o moralismos que no están en la experiencia de Jesús?

“oraban”
La vida es la que se lleva a la oración. La experiencia de Dios compartida en un grupo lleva a reconocer que esto no puede ser llevado adelante sino que con él. Ahí brota la oración como elemento relacional. La comunidad puede orar porque ella es fiel a Jesús, porque comparte la vida con todos sus avatares. De aquí que podamos decir que una oración que no tenga su base en la realidad, en lo que está sucediendo sea una oración hueca. La comunidad debe mantenerse atenta a su entorno. ¿Nuestra comunidad está siendo consciente de lo que pasa delante nuestro o estamos dándole la espalda a la realidad?

“se reunían para partir el pan”
La condición final de la vivencia de la comunidad se evidencia en la fracción del pan. Tal y como afirma Rafael Aguirre es curioso que se ponga atención en sólo esta última expresión de la Koinonia sin considerar que para participar plenamente de la fracción del pan había que estar atentos a las condiciones anteriores. Sólo será fructífera la Fracción del Pan si tiene su eco en el obrar de Jesús, que tenga su profundidad en la experiencia de la vida cotidiana y se comprometa con la realidad. Participar de la Fracción del pan es justamente el símbolo y resumen de todos los anteriores. Justamente si vivo los anteriores es que puedo ser admitido en la Mesa de todos. ¿Qué prima en nuestras eucaristías? ¿El recuerdo y actualización de la obra de Jesús o una actitud sólo ritualista y cumplidora de la ley?



Revisando la comunidad
Ahora teniendo en cuenta estos elementos podemos tener algún tipo de reflexión acerca de nuestra pertenencia a la comunidad.
Es bueno que hagamos un examen de conciencia comunitaria. Y repetirnos las preguntas que hacíamos al final de cada una de las explicaciones:

¿Qué tanto la comunidad conoce acerca de Jesús? ¿Lo conoce o se ha quedado en imágenes que deforman la personalidad de Jesús de Nazareth?

¿Nuestras comunidades en verdad comparten la vida o se han enfriado debido a rigorismos o moralismos que no están en la experiencia de Jesús?

¿Nuestra comunidad está siendo consciente de lo que pasa delante nuestro o estamos dándole la espalda a la realidad?

¿Qué prima en nuestras eucaristías? ¿El recuerdo y actualización de la obra de Jesús o una actitud sólo ritualista y cumplidora de la ley?


Cuáles son las características que debemos poseer para darle vida a nuestra comunidad. Según el texto de Hechos de Apóstoles son:

1. Un conocimiento de Jesús que sea mucho más experiencial que doctrinal. No se trata de saber cosas sobre él, sino más bien de saber actuar como él lo haría.

2. La experiencia de Dios pasa por la vida. No cabe en el pensamiento cristiano el hecho de la fe vivida de manera aislada. ¿Dónde encuentro a Dios? En la experiencia con otros.

3. Esta experiencia de Dios y de la comunidad permite relacionarnos de manera sana con Dios y con las personas, siendo conscientes de lo que está alrededor. Esto implica estar atentos/as. La fe es histórica.

4. Nuestras Eucaristías no deben nunca olvidarse que para ser experiencia de Dios debe enviarnos a transmitir aquello que experimentamos.

jueves, 9 de julio de 2009




Homilía para el Dom. 29 del Tiempo Ordinario. Ciclo B

Is 53, 10-11; Sal 32, 4-5. 18-19. 20 y 22; Hb 4, 14-16; Mc 10, 35-45

El sufrimiento siempre ha sido un tema muy tocado entre los creyentes. ¿Por qué sufrimos? ¿El sufrimiento es bueno? Lamentablemente, a veces (muchas veces) no entendemos bien algo que es muy importante: EL sufrimiento NO es un bien. Nosotros, los creyentes, no buscamos el sufrimiento ni mucho menos nos gozamos en él.

Y ahí viene una pregunta importante ¿Cómo entender la primera lectura? Este texto forma parte de los llamados Cánticos del Siervo sufriente y es importante que sepamos que NO SON UNA ACEPTACIÓN FATALISTA DEL DOLOR (escondida en la frase: Dios quiere que suframos y nos envía el sufrimiento para salvarnos) SINO MÁS BIEN ES UNA CONSTATACIÓN DEL DOLOR del pueblo ante una situación muy difícil y que saliendo de ella, mirándolo con otros ojos –con los de la fe- reconocen que ese dolor, ESE SUFRIMIENTO NO HA SIDO LA ÚLTIMA PALABRA en su historia, no ha sido el fin sino más bien la oportunidad, la exigencia para salir de ello.

De ahí que podamos cantar con el salmista: “BENDECIRÉ AL SEÑOR EN TODO MOMENTO, proclamen conmigo la grandeza del Señor…me libró de todas mis ansias”. El hombre bíblico reconoce que TODO LO QUE SUCEDE TIENE UN PARA QUÉ y eso lo percibe en su historia: historia donde Dios habla, se comunica, a pesar de las dificultades, de las adversidades. En todo momento, hasta en los difíciles es posible bendecir al Señor, por supuesto con palabras diferentes que brotan con espontaneidad de acuerdo al momento.

La carta a los hebreos nos da una pista para entender el alcance de la obra de Jesús. Su obra parte de ser cercano a nosotros: igual a nosotros. Un Padre de la Iglesia decía de manera hermosa: “lo que no se asume no se redime”. Y es que Jesús de Nazareth asume toda nuestra humanidad y eso por un lado nos muestra esa cercanía total y por otro lado nos muestra que nuestro Dios entiende cada y una de las situaciones humanas que nosotros pasamos: alegrías, gozos, penas, llantos. En esa cercanía encontramos lo más sagrado de su obrar. ÉSE ES, PUES, EL SACERDOCIO DE JESÚS: MOSTRAR EL ACCESO TOTAL A DIOS, ESE DIOS PAPÁ QUE ESTÁ PRESENTE EN LA HISTORIA.

Hagamos ahora, antes de comentar el evangelio, un intento más para entender la situación planteada a nosotros: ¿No es muchas veces e sufrimiento la clave de acceso para nuestro encuentro con Dios? ¿A veces no pensamos que si más sufrimos o más buscamos el dolor o mortificación más nos acercamos a Dios? ¿A veces no reducimos el encuentro con Dios a tan sólo el ámbito personal con nuestros sufrimientos? Estas preguntas debemos hacérnoslas hoy como creyentes.

Marcos en el evangelio nos presenta una situación muy particular

¿Qué es lo más importante en la vida cristiana?
¿Poseer un lugar?
¿Pasar por el mismo cáliz que Jesús?
¿Sufrir por un puesto?

Frente a las diferentes actitudes que pueden haber, las palabras de Jesús son más que rotundas: el mundo se rige con poder “pero entre ustedes no será así”. Entre nosotros discípulos y discípulas de Jesús de Nazareth esa es una constante tensión: ¿cuál debe ser nuestra actitud? o mejor, ¿QUÉ ES LO PRINCIPAL?

Y esta situación nos permite ver lo anterior, lo del sufrimiento, a la luz de Jesús: ¿Qué es lo importante a la luz de Jesús? Esa es una pregunta que debemos hacernos constantemente. Si somos seguidores de Jesús ¿QUÉ ES LO QUE MARCA NUESTRO OPTAR POR EL MAESTRO? ¿EL SERVIRNOS, EL AYUDARNOS O MI/NUESTRA SALVACIÓN PERSONAL E INDIVIDUALISTA (ASOCIADA MUCHAS VECES AL SUFRIMIENTO)?

La invitación que nos hace Jesús es clara: “El Hijo del Hombre ha venido a servir”: él tan humano como nosotros nos pide que nos pongamos al servicio de los otros, y PARA ESTO NOS DEBE AYUDAR LA EUCARISTÍA QUE CELEBRAMOS HOY: A RECONOCER EN UNA MESA DE IGUALES DONDE EL OTRO NECESITA DE MÍ Y ESTOY INVITADO A SER COMO EL MAESTRO: SIEMPRE DISPUESTO A SERVIR. Si la Eucaristía consigue que concienticemos esto, en verdad asumiremos esa cercanía que Jesús nos ha mostrado.

miércoles, 1 de julio de 2009


EL HUMOR EN LA PREDICACIÓN

Hace mucho leía unas tiras cómicas de un sacerdote llamado José Luis Cortés, en las que colocaba una serie de gráficos en lo que se llamaba el Evangelio según Cortés. Estas tiras unían un sentido bastante peculiar de ver la fe: en clave de humor reflexivo, quizá hasta suspicaz, pero en esa visión tal y como nos lo presenta Eduardo en el escrito trabajado para nuestro curso.
[1]

Humor no es burla sino más bien, una actitud frente a lo que sucede, frente al entorno. ¿Jesús poseía buen humor? El libro de Umberto Eco, El Nombre de la Rosa –y la película del mismo título- sitúa dentro de todo su drama una pugna entre la “risa ridícula” y la “seriedad de la fe”. Y es que muchas veces se ha asociado la fe, lo concerniente a Dios en constante relación con lo solemne, con lo formal, con lo serio y disociándolo de lo alegre, lo festivo. Además, un problema muchas veces está en medir con categorías culturales propias la cultura y expresiones de otra, totalmente diferente a la nuestra: Jesús era un hombre mediterráneo, además Galileo, reconocido por comilón y borracho, que emplea imágenes que por ser cotidianas no les quita su gracia. ¿Quién comparó el Reino con una semilla? (Para nosotros es una imagen hermosa, hasta mística, pero como bien dice Eduardo en su libro: estas imágenes pueden llegar a ser hasta “extravagantes”).

El humor está referido a una actitud, como enuncié en el párrafo anterior, y esa actitud implica ver, contemplar lo que sucede con otros ojos, con otra mirada, y eso implica por un lado mayor atención a lo que ocurre como también “verle el lado bueno” al asunto. El humor está conectado, como dice nuestro buen Eduardo, con el amor, con la humildad, con el optimismo, con la alegría, con un alma poética, todo esto se resumen en su expresión bastante lograda: “Jesús nos invita a una actitud positiva frente a la vida”.

A lo que Eduardo nos invita, a quiénes toca predicar, es a mantener una actitud diferente al anunciar el mensaje, no es lo mismo comunicar la Palabra como “hijastro” que como hijo confiado en un Dios Papá; no es lo mismo comunicar la Palabra como alguien que no cree en los demás que como alguien confiado en la misericordia; no es lo mismo comunicar la Palabra no generando alegría por ser testigo y experimentado de ella que como quien conoce a un Dios cercano. La vida cristiana nos exige recuperar el carácter festivo de nuestra espiritualidad, que poco a poco hemos perdido debido a la “seriedad de las cosas de Dios”.


[1] E. Arens. El humor de Jesús y la alegría de los discípulos. CEP. 2002. Se trata del curso de Pastoral de la Palabra. ISET 2009-I

viernes, 19 de junio de 2009

Una pequeña oración...
Señor queremos
darte gracias por la vida
de muchos hombres y mujeres
que dan su tiempo y sus energías
para construir la paz
en cada uno de nuestros pueblos.

Queremos pedirte perdón
por la situación de indiferencia
que vivimos,
porque frente a la realidad
nos cruzamos de brazos en nuestra comodidad
dejando de lado tu paso
en medio de lo que sucede.

Y a pesar de esas sombras que entristecen nuestro caminar,
expresamos nuestro compromiso con la vida y con la paz
haciendo de eco de lo que tú mismo nos has mostrado:
Optar por la vida siempre
ya que la muerte no tiene la última palabra.

Que como cristianos, tus seguidores,
Tomemos como decisión firme
El estar atentos a los gritos
de nuestros hermanos y hermanas más necesitados.
Que como cristianos, tus seguidores,
tomemos conciencia de nuestra participación
en la transformación del mundo
según el querer de Dios.
Que como cristianos, tus seguidores,
sepamos ser críticos y brindar
en medio de la situación
una palabra profética de aliento y denuncia.

Y así, Señor, frente a cualquier situación dolorosa,
especialmente como la que vivimos ahora
seamos todos, en Ti, motivo de esperanza
y agentes de paz y solidaridad. Así sea.

miércoles, 17 de junio de 2009


A propósito
de lo que nos sucede
Homilía sobre Miq 3, 1 – 5

Miqueas es un profeta de finales del s. VIII, la situación política y social de la época no difiere mucho de la nuestra: ricos y poderosos buscan obtener privilegios, vivir de ellos mientras se olvida al pobre, al desposeído. Su grito profético se emite en una sociedad donde predomina la injusticia, las diferencias sociales y la poca atención a los necesitados, el poder queda justificado a causa de “mejorías” para algunos cuantos.

La palabra de Dios que acabamos de escuchar se dirige a los gobernantes, pero no por eso no se nos dirige a nosotros, puesto que como ciudadanos somos co-responsables de lo que acontece en nuestro país. En el tiempo de Miqueas, que es el mismo del de otros profetas con muy duro lenguaje como Oseas y Amós, denuncian esta circunstancias: la palabra de Dios se dirige a los que dirigen la situación social y política a que regresen a la Alianza y no se olviden de ella, y esa Alianza tiene una total relación con la opción de Dios: el ser humano. En estos textos bíblicos JUSTICIA es sinónimo de SANTIDAD. Conocer y amar a Dios es reconocer el valor de la persona.

¿No resuena a caso esta misma Palabra de Dios en lo que nos está sucediendo? Hermanos y hermanas, no se trata de buscar en estos momentos culpables, sino más bien de preguntarnos como cristianos, como creyentes si somos concientes y partícipes de la situación de muchos hermanos y hermanas que están sufriendo las consecuencias de no ser atendidos, de no ser escuchados. No se trata de un problema de ahora sino más bien de un problema de siempre: no nos entendemos, no nos escuchamos, no nos interesamos los unos por los otros.

Es una lástima terrible lo que está sucediendo en nuestro país, es una tragedia: muchos hermanos y hermanas peruanos están sufriendo la consecuencia de nuestra indiferencia y la Palabra de Dios es dura con cada uno de nosotros porque al igual que en los tiempos de Miqueas nos está pidiendo que hagamos una firme decisión de optar por la persona y preocuparnos por lo que a ella le ocurra. Esto debe cuestionarnos ¿Estamos siendo concientes de lo que está sucediendo o sólo nos parcializamos frente a la información que nos transmiten los MCS? ¿Somos concientes del drama de muchos peruanos que ven atacada su dignidad?

Hermanos y hermanas en estos momentos se trata de tener una postura crítica frente a lo que sucede, ser cristianos no nos separa del mundo sino más bien estamos invitados a transformarlo según el querer de Dios que Jesús de Nazareth nos ha mostrado.

Celebramos esta Eucaristía con mucha pena por lo que sucede en nuestro país, acompañando a los familiares de las víctimas, pero con la firme confianza en el Dios de la Vida que nos pide que optemos por la vida y que nos recuerda que estar en comunión con Él nos exige estar en comunión con los hermanos como Él mismo nos lo dijo: “Estuve con hambre y me diste de comer; estuve con sed y me diste de beber; estuve enfermo y necesitado y me visitaste” (Cf. Mt. 25, 31ss.)

martes, 9 de junio de 2009

La vida es un valor que debe ser defendido por sobre todo, no hay ningún argumento válido que lo menoscabe. No podemos como personas, como ciudadanos, como creyentes o como cristianos no “conmovernos” sino es indignarnos frente a la situación que vive nuestra selva peruana, y por eso mismo, nuestro país.

No se trata de echar la culpa a uno u otro, como tampoco de defender a uno u a otro. Como seguidores de Jesús nuestra única posición es rechazar todo aquello que daña a la persona o lo que involucre su dignidad.

Muchas veces intentamos ver la realidad sólo desde nuestra óptica sin atender lo que los otros viven, sienten o piensan. La principal tragedia nuevamente es la pérdida de vidas valiosas, sean nativos o policías; nuevamente se están matando los hermanos; nuevamente la lección no aprendida de los años 80s se repite.

Mientras los MCS solo atinan a defender el Status Quo mucha información no llega a los oídos ni a la vista de nosotros, no creemos que sólo policías hayan muerto, no creemos que los nativos hayan iniciado todo esta masacre sin razón alguna. Pero en definitiva no se trata de policías y nativos, se trata de intereses políticos que superan a “la mano de obra”. Si hay algo que no podemos evitar en estos momentos es en dudar de mucha de la información que brindan nuestros espacios públicos y buscar información por otros medios.

Repito, no se trata ahora de buscar culpables, se trata de buscar el bien común, de restablecer la paz social. Llamarnos cristianos no significa no pensar críticamente ni mantenernos al margen de lo que sucede; mas bien el ser cristianos nos obliga a comprometernos con esa realidad y encontrar allí la voz de Dios que grita nuestro apoyo. Esta realidad de violencia, de dolor, de muerte debe ser rechazada enfáticamente y como ciudadanos y creyentes es nuestro deber también, desde la lejanía que vivimos, el mantenernos informados y manifestar este rechazo total a la violencia estructural que esconde tras de sí intereses propios.

viernes, 29 de mayo de 2009

¿QUÉ PODEMOS HACER CON LA PASTORAL JUVENIL?

El problema no es del joven
Al preguntarse sobre cómo debe ser nuestra pastoral juvenil (y vocacional) nos plantemos muchas veces las preguntas ¿por qué no hay jóvenes en la pastoral?, ¿por qué ya no vienen?, ¿por qué no terminan el proceso de catequesis? Y es que en muchas situaciones, el cuestionamiento está en direcciones hacia ellos y no en dirección hacia nuestras propias pastorales.


Quizá podríamos variar las preguntas: ¿Nuestra P.J. responde las necesidades de los jóvenes? ¿Nosotros animadores o asesores conocemos la realidad de los jóvenes a los que queremos acompañar? ¿Nuestros programas comunican experiencias o sólo infunden conocimientos?

Por lo que pienso que para pensar nuestra P.J. es preciso hacer un mea culpa puesto que (parto de mi experiencia como animador en la P.J.) descubro que más concentración y fuerzas se coloca en lo cognoscitivo que en lo experimental, más en lo doctrinal que en lo existencial, obviamente con una mirada más correctiva que acompañante. En definitiva, el problema de nuestra P.J. no es el/la joven sino nosotros mismos, animadores y asesores de P.J., que miramos nuestros ombligos sin variar nuestra metodología y nuestras estrategias pastorales para acercarnos más a los/las jóvenes.

Un pastoral donde el joven es el protagonista
Siendo parte de un equipo de Pastoral Juvenil, -avalado por la experiencia que en éste he logrado- permite que valore la necesidad de motivar y vivir una P.J. donde el/la joven es el protagonista de su propia acción formativa, brindándole un espacio donde obtenga elementos que le permitan “abrir caminos” y asumir compromisos basados en su entorno inmediato, ya sea social, político, religioso o económico. (Considerando que el religioso muchas veces es el que menos les importa).

Esto implica un cambio de perspectiva en torno a la organización y animación de la vida de los/las jóvenes en nuestras comunidades parroquiales que implicaría:

Aplicar una metodología que le permita al joven discernir partiendo de su propia realidad.
Elaborar itinerarios formativos que tengan en cuenta las diferentes edades y procesos de maduración, tanto en la fe como psicológicamente.
Organizar los grupos de tal manera que puedan convertirse en instancias para “compartir la vida” y sus avatares.
Formar a los líderes ya existentes en las comunidades, en una pastoral participativa y orientada hacia una formación integral de los participantes.
Descentralizar la acción pastoral de la sede parroquial y movilizar a los/las jóvenes en actividades donde sean ellos mismos los agentes de cambio en diferentes lugares tanto de la jurisdicción parroquial como en acciones concretas fuera de ella.

De modo que valorando la vida de los/las jóvenes con las que entramos en contacto, sus propios procesos, asumamos la misma opción de Jesús que anuncia el reino de Dios, buscando que las personas encuentren su vocación, mostrándoselas él mismo (Cf. GS. 22) y siendo nosotros así, agentes de cambio en la construcción de la civilización del amor.

lunes, 25 de mayo de 2009




¿POR QUÉ?

¿Por qué?
Tan sólo dos palabras resumen
el dolor contenido ante la injusticia.
Tan sólo dos palabras expresan
la incomprensión y el sin sabor de la vida.


¿Por qué?
Yo sé que existes
pero en estos momentos el dolor y la pesadumbre
reclaman tu presencia
para entender lo que sucede.

¿Por qué?
Yo sé que existes
y que la fe confiesa el amor que nos tienes
pero en estos momentos
la luz se apaga y no puedo mirar hacia delante.

¿Por qué?
¿Por qué mientras el que intenta ser bueno
sufre y al ruin que hace daño le va siempre bien?
¿Por qué el inocente sufre
mientras el maldito vive bien?

¿Por qué?
¿Por qué la oscuridad me absorbe
y se desata el llanto
sin encontrar consuelo
en este camino que tiene poca luz?

¿Por qué?
¿Por qué es necio el que cree
mientras feliz es el insensible que obra mal?
¿Por qué?
¿Por qué?

El mismo grito de Job se ve entonado por muchos seres que en su no entender una situación difícil sólo les queda abrirse al bendito dilema. Pregunta siempre actual tiene en las famosas palabras del profeta Jesús su expresión acabada: Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has abandonado?

martes, 19 de mayo de 2009

Hoy te vi, Cristo
Hoy te vi Cristo,
acababas de subir al micro:
tu voz decía que no tenías trabajo
aunque tus ojos decían:
aún tengo esperanza.

Hoy te vi, Cristo,
eras mi madre haciendo la comida:
tus manos estaban cansadas
aunque tus brazos en tu abrazo me decían te amo.

Hoy te vi, Cristo,
estabas limpiando esos vidrios del carro,
con el vaivén de tus manos encallecidas prontamente
en tu corazón gritabas:
es por mis hermanos.

Hoy te vi, Cristo,
saliendo de la ventanilla, amargo:
tus pasos se aceleraban sin control
mientras que tu llanto decía:
debo darle de comer a mis hijos.

Hoy te vi, Cristo,
madrugabas conmigo
junto a muchos hombres y mujeres,
te exponías al frío, a la garúa matutina
mientras tu corazón decía:
yo creo en los seres humanos, mis hermanos.


Estas palabras surgieron al ver a un padre desesperado, a mi madre preparar cansada la comida, a un niño de la edad de mis hermanos trabajar en la calle. Surgieron al pensar en tanta gente que sale a trabajar buscando el pan de cada día.

lunes, 27 de abril de 2009

"¿Por qué confías en mí?
porque te amo, pues"

Dyogo es mi hermano menor, él tiene seis años y por diversos motivos no viví con él cuatro de ellos. De regreso a casa hice peripecias y media para mostrarle que lo amaba. Él me decía “te quiero” y yo golpeaba su cabeza diciéndole: “¡no!, ¡te amo!”. En fin, hoy me ha dado otra lección en medio de sus risas, sus juegos, su espontaneidad.

Mientras jugábamos “disque” fútbol se me ocurrió llamarlo, él con ese cariño que desborda corrió para abrazarme. A mí se me ocurre pararme detrás de él y decirle que se arroje. Confieso que juraba que el pequeño no lo haría. Para mi sorpresa, su niñez me dio una cachetada: sin pensarlo dos veces se lanzó hacia atrás dejándose sostener por mis brazos muy cerca al suelo. Acto seguido, entre risas de él y mía, le pregunté:
- ¡Dyogo, ¿por qué confías en mí?!
-¡Porque te amo, pues! - me respondió.

Gracias Dyogito por esta lección que me has dado, haces que piense en lo difícil que es que los mayores confiemos entre nosotros mismos, en cómo cada día perdemos fe en las personas que tenemos cerca. Y es que si hay algo que es tan humano y divino que puede hacernos cambiar la visión de nuestra vida es simplemente el amor, amor que no es sólo una palabra bonita y, para algunos, utópica, sino que es una forma de vida donde se comparte la experiencia, se dialoga, se crece, se superan tensiones.

Me vienen a la mente las palabras del profeta de Nazareth: "Les aseguro que si no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los cielos.” (Mt 18, 3) Sino somos capaces de entrar en diálogo “con cualquiera” y expresarle acogida, cercanía sin mirar de donde viene, qué títulos tiene o cuánto puede darme, simple y llanamente no podemos construir el Reino que es justamente eso: “paz, justicia y gozo” (Rm 14, 17)

“¿Por qué confías en mí? porque te amo” es la respuesta espontánea de un niño que cree en los que ama. A mí me plantea una serie de preguntas que deseo compartir: ¿Correspondo/correspondemos a esa confianza? ¿Soy/somos capaz/capaces de generar confianza a otras personas? ¿Amó/amamos efectivamente creando vínculos no volátiles sino asentados en la vida con todas sus “dificultades”?

domingo, 26 de abril de 2009


Tres patologías en la pastoral

Permítanme ustedes que sin ser médico dé un diagnóstico. Permítanme ustedes que sin ser teólogo diga una palabra de fe. Permítanme ustedes que sin ser pastor hable de la pastoral y que sin ser oveja me “escape” del rebaño.

Estas palabras son fruto de una experiencia pastoral y como tal no son ni palabra oficial de la Iglesia ni una verdad absoluta que hay que guardar. Repito es experiencia, es observar desde fuera algo que ya sucedió y que provoca admiración sino es indignación (Creo que ambos sentimientos se pueden experimentar de un mismo hecho). Estas palabras no atacan a una sola persona sino que le agradezco a muchas que con actitudes muy humanas (y poco trabajadas) hacen que pensemos en voz alta.

Un servicio pastoral tiene su ser y hacer en la Iglesia y para el Reino de Dios. Y existen dentro de ella de la Iglesia, diferentes ministerios para enriquecer, edificar, animar la vida de la comunidad eclesial y entre de ellos existen algunos que tiene relación con la ordenación sacramental. Definitivamente eso no es un problema, más bien es un don a la comunidad; lo que sí es un problema es el ejercicio de la “autoridad” o potestas.

La primera patología que deseo “diagnosticar” son la del presbítero o religiosa autoritarios. Sí sé que podría sonar fuerte o escandaloso, pero es algo que evidenciamos en nuestras prácticas pastorales donde el pastor es la “palabra última” en toda instancia, o lo que es peor, “la palabra única” en relación a cuestiones pastorales, de fe o administrativas. Y es que no significa que debamos disentir de cuánto digan, pero sí significa que muchas veces la cerrazón y la poca posibilidad a crítica o pensamiento diferente les suena a estos hermanos nuestros, a desobediencia o a falta de respeto. Y claro que la obediencia y el respeto son mal entendidos para quiénes asumen la “autoridad” como un “innato divino” incuestionable.

La segunda, y no menos peligrosa, tiene relación íntima con la anterior. Es bastante común y fruto de poca formación (quizá hasta de una excesiva sacralización) en relación a la figura sacerdotal o religiosa; y es, pues, la del laico o laica sumisos que no son capaces de tener palabra propia, todo cuanto dice la autoridad no puede ni debe ser refutado, además como son “escogidos” les pertenecen singulares interpretaciones que no pueden ser dudados.

Igual de beligerante en nuestras pastorales, es la tercera y no por eso desconocida patología. Ésta es la de aquellos y aquellas que sin asumir su carisma laical crean signos y símbolos para distinguirse (léase separarse), adoptan poses y figuras propias de los clérigos, mantienen una visión negativa de la persona y del mundo. Y es que los mini curas y las mini monjas son laicos y laicas que carcomidos por el sistema de “poder” que se viven en las diferentes comunidades de comunidades, las parroquias, viven situaciones que no les pertenece, añadámosle la poca formación o la pseudo formación que reciben.

Si hay algo que atraviesa estas tres patologías es la clásica negación y la poca aceptación de una formación crítica, formación de acuerdo a nuestro tiempo, a las nuevas necesidades y urgencias que vivimos. Si existe algo que un laico o una laica debe asumir es su ADULTEZ, su MAYORÍA DE EDAD, y es ahí donde pastores, teólogos y teólogas deben ayudar a asumir un compromiso fruto de la experiencia de Dios en medio del Pueblo donde cada uno y una tiene su lugar, voz propia, derecho a ser respetado, a discernir y a ser obedientes a la voluntad del Padre que es nuestra felicidad.

jueves, 23 de abril de 2009


Fieles a Dios, fieles a la persona

La fidelidad es un tema complejo, parto por reconocer esa experiencia. Nuestras historias personales, la historia humana misma lo confirma: está llena de fidelidades e infidelidades y a la luz de eso Dios se revela como aquel que acompaña y libera de aquellas situaciones que hacen “menos” a la persona.

Nuestra práctica pastoral en muchos lugares y situaciones ha centrado su atención en nombre de una fidelidad a Dios a exposiciones no solamente aburridas sino centradas meramente en lo doctrinal, o en todo caso, en lo teórico o lo moralizante, de modo que muchas veces actuamos como jueces o dueños de la verdad. Nuestras luchas y tensiones se dan a nivel de los contenidos que “deben ser” aprendidos, sin considerar muchas veces el carácter procesual inherente a la persona. La exigencia común es dirigida de manera vertical: nos acercamos a la gente queriéndole enseñar “lo que debe saber” y no asumimos muchas veces la experiencia personal donde Dios mismo se revela. Y es que en nombre de la fidelidad a Dios podemos pisotear la vida de la persona imponiendo más que proponiendo.

La persona misma puede ser considerada un “lugar teológico” por ser expresión de aquella “posibilidad” de la que la profundidad
[1] le es totalmente propio, pero el camino es largo y lamentablemente exigimos sin considerar diferentes circunstancias que condicionan la vida de la gente con la que nos relacionamos, de modo que en vez de anunciar a un Dios liberador, violentamos a la persona, y mostramos una imagen de Dios que no le pertenece. Y así somos fieles infieles.

Es por eso que en breves líneas, quería exponer este doble criterio que debe mover nuestra pastoral: nuestra fidelidad a Dios debe ser contrastada sí o sí con nuestra fidelidad a la persona. No podemos ser fieles a Dios sin conocer o aproximarnos al misterio de la persona, lo mismo que no podemos ser fieles a la persona sin caminar con ella hacia el descubrimiento de su capacidad de profundidad. Ireneo de Lyon afirmaba que la “gloria de Dios es que el hombre viva y la vida del hombre es la visión de Dios” ¿Asumimos la vida como asidero para esa acción de Dios? ¿Mostramos al estilo de Jesús la vocación verdadera de la persona (cf. GS 22)?o siendo más incisivo ¿Nuestra pastoral asume y conoce la realidad de nuestra gente o viene “en nombre de Dios” a imponer una visión alienante de la vida? o quizá ¿solo es enseñar y corregir?

La invitación es a asumir la experiencia misma de Dios: “Y Yahvé dijo: he visto la humillación de mi pueblo, conozco sus sufrimientos…he bajado” (Cf. Ex. 3, 4-8). Recordemos lo que nos dirigió el Concilio: “Los gozos y esperanzas de los hombres y mujeres, son los gozos y esperanzas de los discípulos de Cristo” ¿actualizamos en nuestras pastorales esas palabras? Seamos, pues, fieles a Dios siendo realmente fieles a la persona.

César Enrique Vega Dávila
1 de abril de 2009
[1] Cf. Paul Tillich. Teología de la Cultura.