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miércoles, 2 de junio de 2010

Una pequeña oración


Dar un paso, Jesús, es difícil
pero tenemos la seguridad
que estás a nuestro lado animándonos y acompañándonos
en todo instante.

La vida, Jesús, es una travesía,
no hay suceso alguno que no nos invite a continuar,
a seguir adelante y emprender nuevos rumbos,
por eso es que te pedimos
aumentes nuestra capacidad de discernimiento
para escoger lo mejor para nosotros
y también para los nuestros.

Sabemos, Jesús, que el camino no lo hacemos solos
ni mucho menos aislados,
sino que estamos constantemente llamados
a formar comunidad,
por eso te pedimos que no perdamos de vista
el diálogo cercano
y la corrección siempre fraterna
y así crecer juntos
en fe, en esperanza y en caridad,
que no son solamente palabras bonitas
sino que también son hechos concretos.

De modo que poniendo al servicio
nuestras muchas capacidades
siendo conscientes de nuestras limitaciones,
que en todo busquemos
el bien de todos;
que estemos siempre atentos al que necesita
no sólo con la palabra oportuna
sino que también escuchando los gritos,
incluso los del mismo silencio.

Que nuestro liderazgo sea servicio,
que nuestro servicio sea acción,
que nuestra acción sea testimonio,
y que nuestro testimonio sea fidelidad.
Sigue acompañándonos, Jesús,
en la intimidad de ser tus discípulos
y en la convicción de ser tus misioneros,
y así construir en nuestra sociedad
aquella civilización del amor
que lo transforma todo
según tu Corazón.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Encarnación
una pequeña oración en el curso de cristología

Jesús, en la Encarnación has asumido nuestra carne,
todo lo humano te pertenece y nada de lo humano te es indiferente.
Has puesto tu tienda entre nosotros,
así has vestido pañales
y gritado fuerte cuando tenías hambre,
has gateado y dado tus primeros pasos,
has caminado y corrido como niño,
te has alegrado y también llorado,
mostrando con todo eso, en lo cotidiano,
toda la grandeza de la expresión de la humanidad.

Jesús, a lo largo de la historia
te hemos querido ver glorioso en los altares
y te hemos olvidado pequeño en Nazareth,
te hemos colocado coronas de oro y plata
y olvidamos que lo tuyo es hacer el bien,
te hemos regalado clavos de plata para tus cruces
olvidando que nuestra misión es amar.
Y así sin querer para hacerte más grande
te hemos reducido
y así menospreciado aquello que contigo y por ti cobró valor.

Jesús, el Cristo, nos has invitado a seguirte en medio del mundo.
Y en el mundo nos invitas a ser sal y luz,
ser agentes de cambio y transformación en el amor.
Esto sólo lo conseguiremos con la ayuda de tu Espíritu
que nos impulsa en todo instante
y que nos permite ver con otros ojos la realidad,
apasionándonos como tú por la persona
y construyendo desde lo que somos
la civilización del amor, tu Reino.

Y a este mundo al que debemos amar como tú,
enséñanos a valorarlo, a comprenderlo, a asumirlo,
a encarnarnos con todo lo que aquello implica
para que de este modo seamos testigos tuyos
estando atentos a los gritos de nuestro pueblo.