¡Comprender o no comprender! he ahí el dilema
Este texto que ahora comparto formó parte del examen que rendí para el curso de Hermenéutica. Lo comparto con ustedes, aa ver qué tal los comentarios.
Las diferentes propuestas hermenéuticas existentes le han dado en el clavo al enfatizar la necesidad de comprender. Si se traza una línea desde el viejo Schleirmacher hasta Ricoeur o desde Schleirmacher hasta Tillich o Rahner podremos darnois cuenta que un nuevo amanecer aparece frente a nuestros ojos. Hegel decía que el ayudante de cámara sólo ve en su amo al tirano jamás al héroe, con esto quería enfatizar la labor del tiempo en la comprensión de los hechos. Comprender que hay tradiciones en la Biblia costó mucho, comprender que la tierra no era el centro del mundo costó no mucho menos, comprender que los negros poseían alma costó mucho más. Y es que cada vez que estamos cerca del alumbramiento de un nuevo paradigma la resistencia de los dogmáticos cerrados excluye posibilidades no sólo en el progreso del conocimiento sino también en las relaciones interpersonales. Los que quieren avanzar son los herejes excomulgados (a los que se les levanta la excomunión mucho después), los llamados pseudocientíficos modernos, las brujas en tierra de puritanos, los rebeldes sin causa en el statu quo, los anarquistas revoltosos en las dictaduras… la lista es interminable.En cuestiones teológicas, como en las jurídicas o ante el mismo arte, se ha buscado defe
nder una verdad. Las misas peleas ha habido –con diferentes procesos- tanto por la infalibilidad papal como en el valor de la Constitución o si Mozart quiso o no representar algo en la Flauta Mágica. Si bien en muchos casos ha sido menos aguerrido no nos cabe duda que en materia y en nomine Domini se ha asistido a las batallas más cruentas y a los castigos más inhumanos. El salvaguardar la ortodoxia llevó a destruir Constantinopla en la IV Cruazada, el salvaguardar la veracidad de la Biblia llevó a condenar a Galileo, el amar a la Iglesia lleva a Prelados a expulsar de sus diócesis a quien le da la gana. ¿Y todo esto no es un problema de comprensión dentro de nuestra sancta et meretrix Eclesiae?Quizá en muchos sectores es más fácil vendarse los ojos antes que percibir que nuestro edificio teológico está condicionado por un espacio y un tiempo, no son castillos en el aire.
Se han convertido en factores resguardados donde el solo ingresar requiere la sujeción a normas que no pueden ser evitadas. Sin querer o queriendo (¡que tiene mayor imputabilidad!) hemos querido dar un sentido unívoco a definiciones que fueron el logro o esfuerzo por entender algo incomprensible y que para ellos emplearon los elementos que tenían a la mano. La transubstanciación, por ejemplo, le decía mucho a medievales de época, hoy por hoy el Tamtum ergo sólo resuena en las catedrales del olvido. No se pierde el valor de la verdad que posee tan definición, pero precisamos una mayor explicitación de la verdad de fe.El lenguaje teológico corre el riesgo de ser poco significativo en aquellos lugares donde no se emplean las mismas categorías, corre el riesgo de condenarse a
una esclerosis si no valora y reconoce que hay más significados en las proposiciones de antaño: el ex opere operato no es mecanicismo de la gracia sino que es una declaración frente a los que repudian a quienes celebran indignamente. Si no vemos más posibilidades estamos condenados al paredón, estamos imposibilitados de dialogar con lo contemporáneo, estamos asistiendo a nuestro propio velorio (¡muertos por asfixia: por el propio dióxido que emitimos!) tan solo por no abrir las ventanas.
Cada vez más para nuestro quehacer teológico es indispensable situarnos frente a Trento, frente a Vaticano I, frente al Syllabo, frente a la Mediator Dei, frente al Denzinger, frente a Tomás, frente a Dionisio y confrontar nuestros prejuicios, concienciar la limitación de la época, el alcance de tal o cual palabra, la multiplicidad de sentidos existentes y no cristalizar aquellos términos como si fueran lo más acabado. No vaya a ser que no ejercer la hermenéutica en nuestro campo teológico, las generaciones posteriores nos pasen el recibo. Dogma no es igual a cerrazón, dogma no es igual a definitivo, el dogma es la expresión de un intento que no es el punto omega sino el punto alfa para acercarnos cada vez más a Aquel que nos ha dotado de razón para comprender y también para dudar.En la tarde de la vida nos examinarán por si comprendimos o no el amor.