viernes, 19 de junio de 2009

Una pequeña oración...
Señor queremos
darte gracias por la vida
de muchos hombres y mujeres
que dan su tiempo y sus energías
para construir la paz
en cada uno de nuestros pueblos.

Queremos pedirte perdón
por la situación de indiferencia
que vivimos,
porque frente a la realidad
nos cruzamos de brazos en nuestra comodidad
dejando de lado tu paso
en medio de lo que sucede.

Y a pesar de esas sombras que entristecen nuestro caminar,
expresamos nuestro compromiso con la vida y con la paz
haciendo de eco de lo que tú mismo nos has mostrado:
Optar por la vida siempre
ya que la muerte no tiene la última palabra.

Que como cristianos, tus seguidores,
Tomemos como decisión firme
El estar atentos a los gritos
de nuestros hermanos y hermanas más necesitados.
Que como cristianos, tus seguidores,
tomemos conciencia de nuestra participación
en la transformación del mundo
según el querer de Dios.
Que como cristianos, tus seguidores,
sepamos ser críticos y brindar
en medio de la situación
una palabra profética de aliento y denuncia.

Y así, Señor, frente a cualquier situación dolorosa,
especialmente como la que vivimos ahora
seamos todos, en Ti, motivo de esperanza
y agentes de paz y solidaridad. Así sea.

miércoles, 17 de junio de 2009


A propósito
de lo que nos sucede
Homilía sobre Miq 3, 1 – 5

Miqueas es un profeta de finales del s. VIII, la situación política y social de la época no difiere mucho de la nuestra: ricos y poderosos buscan obtener privilegios, vivir de ellos mientras se olvida al pobre, al desposeído. Su grito profético se emite en una sociedad donde predomina la injusticia, las diferencias sociales y la poca atención a los necesitados, el poder queda justificado a causa de “mejorías” para algunos cuantos.

La palabra de Dios que acabamos de escuchar se dirige a los gobernantes, pero no por eso no se nos dirige a nosotros, puesto que como ciudadanos somos co-responsables de lo que acontece en nuestro país. En el tiempo de Miqueas, que es el mismo del de otros profetas con muy duro lenguaje como Oseas y Amós, denuncian esta circunstancias: la palabra de Dios se dirige a los que dirigen la situación social y política a que regresen a la Alianza y no se olviden de ella, y esa Alianza tiene una total relación con la opción de Dios: el ser humano. En estos textos bíblicos JUSTICIA es sinónimo de SANTIDAD. Conocer y amar a Dios es reconocer el valor de la persona.

¿No resuena a caso esta misma Palabra de Dios en lo que nos está sucediendo? Hermanos y hermanas, no se trata de buscar en estos momentos culpables, sino más bien de preguntarnos como cristianos, como creyentes si somos concientes y partícipes de la situación de muchos hermanos y hermanas que están sufriendo las consecuencias de no ser atendidos, de no ser escuchados. No se trata de un problema de ahora sino más bien de un problema de siempre: no nos entendemos, no nos escuchamos, no nos interesamos los unos por los otros.

Es una lástima terrible lo que está sucediendo en nuestro país, es una tragedia: muchos hermanos y hermanas peruanos están sufriendo la consecuencia de nuestra indiferencia y la Palabra de Dios es dura con cada uno de nosotros porque al igual que en los tiempos de Miqueas nos está pidiendo que hagamos una firme decisión de optar por la persona y preocuparnos por lo que a ella le ocurra. Esto debe cuestionarnos ¿Estamos siendo concientes de lo que está sucediendo o sólo nos parcializamos frente a la información que nos transmiten los MCS? ¿Somos concientes del drama de muchos peruanos que ven atacada su dignidad?

Hermanos y hermanas en estos momentos se trata de tener una postura crítica frente a lo que sucede, ser cristianos no nos separa del mundo sino más bien estamos invitados a transformarlo según el querer de Dios que Jesús de Nazareth nos ha mostrado.

Celebramos esta Eucaristía con mucha pena por lo que sucede en nuestro país, acompañando a los familiares de las víctimas, pero con la firme confianza en el Dios de la Vida que nos pide que optemos por la vida y que nos recuerda que estar en comunión con Él nos exige estar en comunión con los hermanos como Él mismo nos lo dijo: “Estuve con hambre y me diste de comer; estuve con sed y me diste de beber; estuve enfermo y necesitado y me visitaste” (Cf. Mt. 25, 31ss.)

martes, 9 de junio de 2009

La vida es un valor que debe ser defendido por sobre todo, no hay ningún argumento válido que lo menoscabe. No podemos como personas, como ciudadanos, como creyentes o como cristianos no “conmovernos” sino es indignarnos frente a la situación que vive nuestra selva peruana, y por eso mismo, nuestro país.

No se trata de echar la culpa a uno u otro, como tampoco de defender a uno u a otro. Como seguidores de Jesús nuestra única posición es rechazar todo aquello que daña a la persona o lo que involucre su dignidad.

Muchas veces intentamos ver la realidad sólo desde nuestra óptica sin atender lo que los otros viven, sienten o piensan. La principal tragedia nuevamente es la pérdida de vidas valiosas, sean nativos o policías; nuevamente se están matando los hermanos; nuevamente la lección no aprendida de los años 80s se repite.

Mientras los MCS solo atinan a defender el Status Quo mucha información no llega a los oídos ni a la vista de nosotros, no creemos que sólo policías hayan muerto, no creemos que los nativos hayan iniciado todo esta masacre sin razón alguna. Pero en definitiva no se trata de policías y nativos, se trata de intereses políticos que superan a “la mano de obra”. Si hay algo que no podemos evitar en estos momentos es en dudar de mucha de la información que brindan nuestros espacios públicos y buscar información por otros medios.

Repito, no se trata ahora de buscar culpables, se trata de buscar el bien común, de restablecer la paz social. Llamarnos cristianos no significa no pensar críticamente ni mantenernos al margen de lo que sucede; mas bien el ser cristianos nos obliga a comprometernos con esa realidad y encontrar allí la voz de Dios que grita nuestro apoyo. Esta realidad de violencia, de dolor, de muerte debe ser rechazada enfáticamente y como ciudadanos y creyentes es nuestro deber también, desde la lejanía que vivimos, el mantenernos informados y manifestar este rechazo total a la violencia estructural que esconde tras de sí intereses propios.