LA COMUNIDAD: UNA PEQUEÑA MEDITACIÓN.
La comunidad a la que Lucas se dirige (la comunidad de Teófilo) es una comunidad que conoce él bien: conoce su problemática, su situación religiosa. Sabe que en ella existen cristianos ricos y cristianos pobres.
Cuando leemos este pasaje de Hechos de Apóstoles muchas veces idealizamos la posición que ella nos narra. A veces nos decimos ¿por qué no podemos vivir como vivieron ellos?
La comunidad de creyentes, los del “camino”, en la época de Lucas (finales del s. I) no vivían todo color de rosa. Sino más bien que estos escritos, el tercer evangelio y Hechos, responden a una problemática: en las comunidades se vive diferencias muy graves debido a la condición económica de algunos y un mal trato por parte de los que tienen y no tienen.
Este pasaje (2, 42ss) al igual que otros en este libro son llamados SUMARIOS (recurso literario muy usado por el autor ), en ellos se condensa información que quiere proponer a los lectores como PROYECTO, como ideal de vida. Lo que hace el autor es decirle a la comunidad ¿Por qué no viven esto? ¿No es aquello lo que Jesús querría?
¿Qué es lo que debe diferenciar a la comunidad? El autor de Hch. nos responde: “Los que habían creído estaban muy unidos y compartían sus bienes entre sí” (2,44). Lucas les está proponiendo un estilo de vida a la luz de Jesús. A esto se le ha llamado el “comunismo primitivo” , a ese momento en que la comunidad establece vínculos que superan el modo de vida común. Claro que esta idea de fraternidad ha sido gesta ya.
El famoso sumario de Hechos 2, 42 ss. es el que nos embarga en estos momentos. ¿Qué podemos decir en relación a nuestras comunidades?
“Todos se mantenían firmes en las enseñanzas de los apóstoles, compartían lo que tenían y oraban y se reunían para partir el pan”
“Todos se mantenían firmes en las enseñanzas de los apóstoles”
¿Cuál era esa enseñanza de los apóstoles? No se trata de doctrinas o estructuras, sino más bien del testimonio que ellos daban de Jesús. Para Lucas, el apóstol es el garante de la continuidad . Mantenerse firmes en esas enseñanzas es ser fieles a Jesús a quien ellos han conocido y han compartido con él. La persona de Jesús es la que debe ser la medida de pertenencia a la comunidad. Esa actitud debe marcar nuestra puesta en “camino”.
¿Qué tanto la comunidad conoce acerca de Jesús? ¿Lo conoce o se ha quedado en imágenes que deforman la personalidad de Jesús de Nazareth?
“compartían lo que tenían”
Esta es la segunda característica del ideal de comunidad. La experiencia de conocer a Jesús los llevó a un segundo momento: no permitir que existan necesidades entre ellos. No se trata sólo de un asistencialismo o de una actividad hueca. Si antes la experiencia de Jesús era lo que los marcaba y diferenciaba, ahora es el compartir la vida el signo de diferencia. Es bastante llamativo el hecho de quiénes conocen a Jesús de Nazareth por el testimonio de los apóstoles deseen despojarse de algunas cosas. La consigna es esta: no puede haber necesitados, no puede haber necesidad de ningún tipo. A veces hemos idealizado esta imagen en sólo una caridad sin entender la profundidad de la “creatividad social de la fe”. Un compromiso, una experiencia con el Señor hacía que se correspondiese a los hermanos. ¿Nuestras comunidades en verdad comparten la vida o se han enfriado debido a rigorismos o moralismos que no están en la experiencia de Jesús?
“oraban”
La vida es la que se lleva a la oración. La experiencia de Dios compartida en un grupo lleva a reconocer que esto no puede ser llevado adelante sino que con él. Ahí brota la oración como elemento relacional. La comunidad puede orar porque ella es fiel a Jesús, porque comparte la vida con todos sus avatares. De aquí que podamos decir que una oración que no tenga su base en la realidad, en lo que está sucediendo sea una oración hueca. La comunidad debe mantenerse atenta a su entorno. ¿Nuestra comunidad está siendo consciente de lo que pasa delante nuestro o estamos dándole la espalda a la realidad?
“se reunían para partir el pan”
La condición final de la vivencia de la comunidad se evidencia en la fracción del pan. Tal y como afirma Rafael Aguirre es curioso que se ponga atención en sólo esta última expresión de la Koinonia sin considerar que para participar plenamente de la fracción del pan había que estar atentos a las condiciones anteriores. Sólo será fructífera la Fracción del Pan si tiene su eco en el obrar de Jesús, que tenga su profundidad en la experiencia de la vida cotidiana y se comprometa con la realidad. Participar de la Fracción del pan es justamente el símbolo y resumen de todos los anteriores. Justamente si vivo los anteriores es que puedo ser admitido en la Mesa de todos. ¿Qué prima en nuestras eucaristías? ¿El recuerdo y actualización de la obra de Jesús o una actitud sólo ritualista y cumplidora de la ley?
Revisando la comunidad
Ahora teniendo en cuenta estos elementos podemos tener algún tipo de reflexión acerca de nuestra pertenencia a la comunidad.
Es bueno que hagamos un examen de conciencia comunitaria. Y repetirnos las preguntas que hacíamos al final de cada una de las explicaciones:
¿Qué tanto la comunidad conoce acerca de Jesús? ¿Lo conoce o se ha quedado en imágenes que deforman la personalidad de Jesús de Nazareth?
¿Nuestras comunidades en verdad comparten la vida o se han enfriado debido a rigorismos o moralismos que no están en la experiencia de Jesús?
¿Nuestra comunidad está siendo consciente de lo que pasa delante nuestro o estamos dándole la espalda a la realidad?
¿Qué prima en nuestras eucaristías? ¿El recuerdo y actualización de la obra de Jesús o una actitud sólo ritualista y cumplidora de la ley?
Cuáles son las características que debemos poseer para darle vida a nuestra comunidad. Según el texto de Hechos de Apóstoles son:
1. Un conocimiento de Jesús que sea mucho más experiencial que doctrinal. No se trata de saber cosas sobre él, sino más bien de saber actuar como él lo haría.
2. La experiencia de Dios pasa por la vida. No cabe en el pensamiento cristiano el hecho de la fe vivida de manera aislada. ¿Dónde encuentro a Dios? En la experiencia con otros.
3. Esta experiencia de Dios y de la comunidad permite relacionarnos de manera sana con Dios y con las personas, siendo conscientes de lo que está alrededor. Esto implica estar atentos/as. La fe es histórica.
4. Nuestras Eucaristías no deben nunca olvidarse que para ser experiencia de Dios debe enviarnos a transmitir aquello que experimentamos.
La comunidad a la que Lucas se dirige (la comunidad de Teófilo) es una comunidad que conoce él bien: conoce su problemática, su situación religiosa. Sabe que en ella existen cristianos ricos y cristianos pobres.
Cuando leemos este pasaje de Hechos de Apóstoles muchas veces idealizamos la posición que ella nos narra. A veces nos decimos ¿por qué no podemos vivir como vivieron ellos?
La comunidad de creyentes, los del “camino”, en la época de Lucas (finales del s. I) no vivían todo color de rosa. Sino más bien que estos escritos, el tercer evangelio y Hechos, responden a una problemática: en las comunidades se vive diferencias muy graves debido a la condición económica de algunos y un mal trato por parte de los que tienen y no tienen.
Este pasaje (2, 42ss) al igual que otros en este libro son llamados SUMARIOS (recurso literario muy usado por el autor ), en ellos se condensa información que quiere proponer a los lectores como PROYECTO, como ideal de vida. Lo que hace el autor es decirle a la comunidad ¿Por qué no viven esto? ¿No es aquello lo que Jesús querría?
¿Qué es lo que debe diferenciar a la comunidad? El autor de Hch. nos responde: “Los que habían creído estaban muy unidos y compartían sus bienes entre sí” (2,44). Lucas les está proponiendo un estilo de vida a la luz de Jesús. A esto se le ha llamado el “comunismo primitivo” , a ese momento en que la comunidad establece vínculos que superan el modo de vida común. Claro que esta idea de fraternidad ha sido gesta ya.
El famoso sumario de Hechos 2, 42 ss. es el que nos embarga en estos momentos. ¿Qué podemos decir en relación a nuestras comunidades?
“Todos se mantenían firmes en las enseñanzas de los apóstoles, compartían lo que tenían y oraban y se reunían para partir el pan”
“Todos se mantenían firmes en las enseñanzas de los apóstoles”
¿Cuál era esa enseñanza de los apóstoles? No se trata de doctrinas o estructuras, sino más bien del testimonio que ellos daban de Jesús. Para Lucas, el apóstol es el garante de la continuidad . Mantenerse firmes en esas enseñanzas es ser fieles a Jesús a quien ellos han conocido y han compartido con él. La persona de Jesús es la que debe ser la medida de pertenencia a la comunidad. Esa actitud debe marcar nuestra puesta en “camino”.
¿Qué tanto la comunidad conoce acerca de Jesús? ¿Lo conoce o se ha quedado en imágenes que deforman la personalidad de Jesús de Nazareth?
“compartían lo que tenían”
Esta es la segunda característica del ideal de comunidad. La experiencia de conocer a Jesús los llevó a un segundo momento: no permitir que existan necesidades entre ellos. No se trata sólo de un asistencialismo o de una actividad hueca. Si antes la experiencia de Jesús era lo que los marcaba y diferenciaba, ahora es el compartir la vida el signo de diferencia. Es bastante llamativo el hecho de quiénes conocen a Jesús de Nazareth por el testimonio de los apóstoles deseen despojarse de algunas cosas. La consigna es esta: no puede haber necesitados, no puede haber necesidad de ningún tipo. A veces hemos idealizado esta imagen en sólo una caridad sin entender la profundidad de la “creatividad social de la fe”. Un compromiso, una experiencia con el Señor hacía que se correspondiese a los hermanos. ¿Nuestras comunidades en verdad comparten la vida o se han enfriado debido a rigorismos o moralismos que no están en la experiencia de Jesús?
“oraban”
La vida es la que se lleva a la oración. La experiencia de Dios compartida en un grupo lleva a reconocer que esto no puede ser llevado adelante sino que con él. Ahí brota la oración como elemento relacional. La comunidad puede orar porque ella es fiel a Jesús, porque comparte la vida con todos sus avatares. De aquí que podamos decir que una oración que no tenga su base en la realidad, en lo que está sucediendo sea una oración hueca. La comunidad debe mantenerse atenta a su entorno. ¿Nuestra comunidad está siendo consciente de lo que pasa delante nuestro o estamos dándole la espalda a la realidad?
“se reunían para partir el pan”
La condición final de la vivencia de la comunidad se evidencia en la fracción del pan. Tal y como afirma Rafael Aguirre es curioso que se ponga atención en sólo esta última expresión de la Koinonia sin considerar que para participar plenamente de la fracción del pan había que estar atentos a las condiciones anteriores. Sólo será fructífera la Fracción del Pan si tiene su eco en el obrar de Jesús, que tenga su profundidad en la experiencia de la vida cotidiana y se comprometa con la realidad. Participar de la Fracción del pan es justamente el símbolo y resumen de todos los anteriores. Justamente si vivo los anteriores es que puedo ser admitido en la Mesa de todos. ¿Qué prima en nuestras eucaristías? ¿El recuerdo y actualización de la obra de Jesús o una actitud sólo ritualista y cumplidora de la ley?
Revisando la comunidadAhora teniendo en cuenta estos elementos podemos tener algún tipo de reflexión acerca de nuestra pertenencia a la comunidad.
Es bueno que hagamos un examen de conciencia comunitaria. Y repetirnos las preguntas que hacíamos al final de cada una de las explicaciones:
¿Qué tanto la comunidad conoce acerca de Jesús? ¿Lo conoce o se ha quedado en imágenes que deforman la personalidad de Jesús de Nazareth?
¿Nuestras comunidades en verdad comparten la vida o se han enfriado debido a rigorismos o moralismos que no están en la experiencia de Jesús?
¿Nuestra comunidad está siendo consciente de lo que pasa delante nuestro o estamos dándole la espalda a la realidad?
¿Qué prima en nuestras eucaristías? ¿El recuerdo y actualización de la obra de Jesús o una actitud sólo ritualista y cumplidora de la ley?
Cuáles son las características que debemos poseer para darle vida a nuestra comunidad. Según el texto de Hechos de Apóstoles son:
1. Un conocimiento de Jesús que sea mucho más experiencial que doctrinal. No se trata de saber cosas sobre él, sino más bien de saber actuar como él lo haría.
2. La experiencia de Dios pasa por la vida. No cabe en el pensamiento cristiano el hecho de la fe vivida de manera aislada. ¿Dónde encuentro a Dios? En la experiencia con otros.
3. Esta experiencia de Dios y de la comunidad permite relacionarnos de manera sana con Dios y con las personas, siendo conscientes de lo que está alrededor. Esto implica estar atentos/as. La fe es histórica.
4. Nuestras Eucaristías no deben nunca olvidarse que para ser experiencia de Dios debe enviarnos a transmitir aquello que experimentamos.


