Mostrando entradas con la etiqueta experiencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta experiencia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 2 de junio de 2010

Una pequeña oración


Dar un paso, Jesús, es difícil
pero tenemos la seguridad
que estás a nuestro lado animándonos y acompañándonos
en todo instante.

La vida, Jesús, es una travesía,
no hay suceso alguno que no nos invite a continuar,
a seguir adelante y emprender nuevos rumbos,
por eso es que te pedimos
aumentes nuestra capacidad de discernimiento
para escoger lo mejor para nosotros
y también para los nuestros.

Sabemos, Jesús, que el camino no lo hacemos solos
ni mucho menos aislados,
sino que estamos constantemente llamados
a formar comunidad,
por eso te pedimos que no perdamos de vista
el diálogo cercano
y la corrección siempre fraterna
y así crecer juntos
en fe, en esperanza y en caridad,
que no son solamente palabras bonitas
sino que también son hechos concretos.

De modo que poniendo al servicio
nuestras muchas capacidades
siendo conscientes de nuestras limitaciones,
que en todo busquemos
el bien de todos;
que estemos siempre atentos al que necesita
no sólo con la palabra oportuna
sino que también escuchando los gritos,
incluso los del mismo silencio.

Que nuestro liderazgo sea servicio,
que nuestro servicio sea acción,
que nuestra acción sea testimonio,
y que nuestro testimonio sea fidelidad.
Sigue acompañándonos, Jesús,
en la intimidad de ser tus discípulos
y en la convicción de ser tus misioneros,
y así construir en nuestra sociedad
aquella civilización del amor
que lo transforma todo
según tu Corazón.

miércoles, 9 de diciembre de 2009



Oración para olvidar
Sé que propiamente teología no es, pero es algo que deseo compartirles.


Amar es una palabra
a la que me había ya habituado,
y hoy que no más la repito
te pido me ayudes a comprenderla mejor.
La vida me ha enseñado que debo seguir caminando,
que amarle no fue un error sino una oportunidad
para darme cuenta que estoy vivo,
para darme cuenta que crezco junto a otra persona.

Gracias Señor por darme esa capacidad de sentir más allá de mí,
gracias por mostrarme que puedo trascender junto a otra persona.
Y a pesar que todo ha terminado,
no puedo negarte, Señor, que le sigo amando,
que sigo sintiendo lo mismo,
que continúo recordando escenas juntos,
aunque sé también que nuestros caminos se abren por diferentes rumbos.

Ayúdame a olvidarle sin que por eso deje de recordar con cariño lo que siento,
ayúdame a que sea pronto para que todo esto no sea un peso,
ni para mí ni para quien digo amar,
mucho menos para quiénes preocupados por mí están en mi entorno.

Ayúdame a reconocer lo bueno que pasó
y no vivir pensando en lo que se pudo hacer,
ayúdame a que deje de sospechar insanamente
y a examinar con lupa los gestos que no se tuvo.

Ayúdame a purificar mis sentimientos
para que esto que siento no sea una búsqueda egoísta por parte mía,
convirtiéndose así en una satisfacción de mi propio ego y orgullo
que henchidos por la herida hacen mucho más daño.

Ayúdame para que en mi soledad no me derrumbe sino que encuentre fortaleza,
que al revisar lo que sucedió me alegre con los buenos momentos,
que no caiga en el pesimismo de creer que no volveré a amar nuevamente
y tampoco en la desesperación de querer encontrar a alguien que sólo llene mis vacíos,

sino que, Jesús, asuma todo lo que implica aquello que vivo
y desde esa realidad con luces y sombras pueda seguir creciendo
generando vida a través de mis gestos y palabras,
haciendo de ella, una experiencia redimida.

Gracias Jesús, sé que me escuchas
y sé también que aún la más grande decepción o ruptura
puede ser superada,
por lo que te pido algo más:
la suficiente fe para seguir creyendo en los demás
la suficiente esperanza para seguir caminando,
y el suficiente amor para comprometer mi existencia entera. Amén.

lunes, 27 de abril de 2009

"¿Por qué confías en mí?
porque te amo, pues"

Dyogo es mi hermano menor, él tiene seis años y por diversos motivos no viví con él cuatro de ellos. De regreso a casa hice peripecias y media para mostrarle que lo amaba. Él me decía “te quiero” y yo golpeaba su cabeza diciéndole: “¡no!, ¡te amo!”. En fin, hoy me ha dado otra lección en medio de sus risas, sus juegos, su espontaneidad.

Mientras jugábamos “disque” fútbol se me ocurrió llamarlo, él con ese cariño que desborda corrió para abrazarme. A mí se me ocurre pararme detrás de él y decirle que se arroje. Confieso que juraba que el pequeño no lo haría. Para mi sorpresa, su niñez me dio una cachetada: sin pensarlo dos veces se lanzó hacia atrás dejándose sostener por mis brazos muy cerca al suelo. Acto seguido, entre risas de él y mía, le pregunté:
- ¡Dyogo, ¿por qué confías en mí?!
-¡Porque te amo, pues! - me respondió.

Gracias Dyogito por esta lección que me has dado, haces que piense en lo difícil que es que los mayores confiemos entre nosotros mismos, en cómo cada día perdemos fe en las personas que tenemos cerca. Y es que si hay algo que es tan humano y divino que puede hacernos cambiar la visión de nuestra vida es simplemente el amor, amor que no es sólo una palabra bonita y, para algunos, utópica, sino que es una forma de vida donde se comparte la experiencia, se dialoga, se crece, se superan tensiones.

Me vienen a la mente las palabras del profeta de Nazareth: "Les aseguro que si no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los cielos.” (Mt 18, 3) Sino somos capaces de entrar en diálogo “con cualquiera” y expresarle acogida, cercanía sin mirar de donde viene, qué títulos tiene o cuánto puede darme, simple y llanamente no podemos construir el Reino que es justamente eso: “paz, justicia y gozo” (Rm 14, 17)

“¿Por qué confías en mí? porque te amo” es la respuesta espontánea de un niño que cree en los que ama. A mí me plantea una serie de preguntas que deseo compartir: ¿Correspondo/correspondemos a esa confianza? ¿Soy/somos capaz/capaces de generar confianza a otras personas? ¿Amó/amamos efectivamente creando vínculos no volátiles sino asentados en la vida con todas sus “dificultades”?