domingo, 26 de abril de 2009


Tres patologías en la pastoral

Permítanme ustedes que sin ser médico dé un diagnóstico. Permítanme ustedes que sin ser teólogo diga una palabra de fe. Permítanme ustedes que sin ser pastor hable de la pastoral y que sin ser oveja me “escape” del rebaño.

Estas palabras son fruto de una experiencia pastoral y como tal no son ni palabra oficial de la Iglesia ni una verdad absoluta que hay que guardar. Repito es experiencia, es observar desde fuera algo que ya sucedió y que provoca admiración sino es indignación (Creo que ambos sentimientos se pueden experimentar de un mismo hecho). Estas palabras no atacan a una sola persona sino que le agradezco a muchas que con actitudes muy humanas (y poco trabajadas) hacen que pensemos en voz alta.

Un servicio pastoral tiene su ser y hacer en la Iglesia y para el Reino de Dios. Y existen dentro de ella de la Iglesia, diferentes ministerios para enriquecer, edificar, animar la vida de la comunidad eclesial y entre de ellos existen algunos que tiene relación con la ordenación sacramental. Definitivamente eso no es un problema, más bien es un don a la comunidad; lo que sí es un problema es el ejercicio de la “autoridad” o potestas.

La primera patología que deseo “diagnosticar” son la del presbítero o religiosa autoritarios. Sí sé que podría sonar fuerte o escandaloso, pero es algo que evidenciamos en nuestras prácticas pastorales donde el pastor es la “palabra última” en toda instancia, o lo que es peor, “la palabra única” en relación a cuestiones pastorales, de fe o administrativas. Y es que no significa que debamos disentir de cuánto digan, pero sí significa que muchas veces la cerrazón y la poca posibilidad a crítica o pensamiento diferente les suena a estos hermanos nuestros, a desobediencia o a falta de respeto. Y claro que la obediencia y el respeto son mal entendidos para quiénes asumen la “autoridad” como un “innato divino” incuestionable.

La segunda, y no menos peligrosa, tiene relación íntima con la anterior. Es bastante común y fruto de poca formación (quizá hasta de una excesiva sacralización) en relación a la figura sacerdotal o religiosa; y es, pues, la del laico o laica sumisos que no son capaces de tener palabra propia, todo cuanto dice la autoridad no puede ni debe ser refutado, además como son “escogidos” les pertenecen singulares interpretaciones que no pueden ser dudados.

Igual de beligerante en nuestras pastorales, es la tercera y no por eso desconocida patología. Ésta es la de aquellos y aquellas que sin asumir su carisma laical crean signos y símbolos para distinguirse (léase separarse), adoptan poses y figuras propias de los clérigos, mantienen una visión negativa de la persona y del mundo. Y es que los mini curas y las mini monjas son laicos y laicas que carcomidos por el sistema de “poder” que se viven en las diferentes comunidades de comunidades, las parroquias, viven situaciones que no les pertenece, añadámosle la poca formación o la pseudo formación que reciben.

Si hay algo que atraviesa estas tres patologías es la clásica negación y la poca aceptación de una formación crítica, formación de acuerdo a nuestro tiempo, a las nuevas necesidades y urgencias que vivimos. Si existe algo que un laico o una laica debe asumir es su ADULTEZ, su MAYORÍA DE EDAD, y es ahí donde pastores, teólogos y teólogas deben ayudar a asumir un compromiso fruto de la experiencia de Dios en medio del Pueblo donde cada uno y una tiene su lugar, voz propia, derecho a ser respetado, a discernir y a ser obedientes a la voluntad del Padre que es nuestra felicidad.

2 comentarios:

  1. us declararciones ,son bastante fuertes, pero no lejos de la realidad, eso es bastante cierto; solo creo aquello que falta mucho a ambos, a los que tu le llamas patologias, es la falta de estima propi en los difrentes casos... y eso sucedera cuando uno pierde el verdadero horizonte de su vida que es Dios, y se hace aquello que, segun dicen algunos: Dios lo quiere asi...; pero de debe enseñar en palabra y obra, como Jesus....

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  2. Interesante, al menos ya haces algo productivo en la web. Interesante lo de tus "patología", pero si intentas caracterizar lo que pasa en nuestra Iglesia aún te falta. La clave para mí está en hacer nuestro el estilo de Jesús, que en su vida terrenal enseñaba con autoridad y sabiduría. A Él no le decían un "sí" a secas, su palabra no era ni la última ni la única, el era el "Maestro Bueno", el "Buen Pastor" preocupado por sus ovejas. La relación con Él se basaba en el amor y no en la imposición, vino a servir y no a ser servido. Cuando esos criterios sean profesados por quienes integramos la Iglesia (laicos y pastores) otra será la realidad. Que la autoridad, la sabiduría y sobretodo el amor que nace de Dios nos ayude a comprender su voluntad y a entender que nuestra realización está en encontrarlo en el otro. - Martín Marca

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