
Señor, estamos a punto de celebrar
nuevamente el Misterio de haberte hecho niño,
el Misterio de haberte hecho persona,
aquel momento en que mostraste cómo es tu Reino
donde tu gloria es un pesebre,
donde tu trono son unos pañales,
donde tu corte son tus padres
y unos pastores que tuvieron la audacia de reconocerte.
Y así inicias en Ti tu Reino,
Reino donde la fidelidad y la verdad
denuncian las estructuras injustas,
Reino donde la justicia y el derecho
recuperan el valor de la fraternidad,
Reino donde la paz no es solo una palabra bonita
sino la búsqueda común en un proyecto que busca el bien de todos.
Y en esta nueva Navidad tenemos cierto temor
a que la celebración se diluya en medio de adornos y regalos,
en medio de luces de bengala,
en medio de árboles y tarjetas.
Por eso, Jesús, amigo nuestro,
no solo queremos pedirte paz y amor
sino que también queremos pedirte nos regales
esa misma pasión comprometida por el ser humano
que nos has mostrado al hacerte carne de nuestra carne,
y que aquel compromiso sea acción,
que esa acción sea reflexión
y esa reflexión sea siempre coherente.
Queremos pedirte también que
podamos tratarnos todos como iguales,
que nuestro trato sea justo y equitativo
tanto con varones como con mujeres,
tanto con niños como con jóvenes y adultos,
que sepamos descubrir el gran valor
de la dignidad humana
que tú has asumido con todas sus consecuencias.

Jesús, que nuestras actividades y todo lo que hagamos
pueda dar testimonio de esa experiencia comunitaria
que busca ser en todo instante muestra Iglesia,
que la palabra solidaridad
no sea solamente once letras que llenar
en el “crucigrama” de nuestros programas pastorales
y, mucho menos, en el “crucigrama” de nuestra vida.
Y así, con todo esto,
podamos hacer experiencia de renovación y revitalización
buscando en todo y con todos
generar aquella comunión
(que a veces llaman koinonia)
que Tú has iniciado
juntando lo humano y lo divino,
y así optar por la persona con todo lo que ello significa.
Que esta Navidad, Jesús, podamos comprometernos
en la construcción de un mundo mucho más solidario,
en donde contemplar nuestro entorno,
nos mueva a vivir con radicalidad tu mensaje encarnado,
y así anunciar que tu Amor es una forma de vida
que nos hace mejores personas, mejores ciudadanos, mejores creyentes.
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