domingo, 19 de diciembre de 2010


Señor, estamos a punto de celebrar

nuevamente el Misterio de haberte hecho niño,

el Misterio de haberte hecho persona,

aquel momento en que mostraste cómo es tu Reino

donde tu gloria es un pesebre,

donde tu trono son unos pañales,

donde tu corte son tus padres

y unos pastores que tuvieron la audacia de reconocerte.



Y así inicias en Ti tu Reino,

Reino donde la fidelidad y la verdad

denuncian las estructuras injustas,

Reino donde la justicia y el derecho

recuperan el valor de la fraternidad,

Reino donde la paz no es solo una palabra bonita

sino la búsqueda común en un proyecto que busca el bien de todos.

Y en esta nueva Navidad tenemos cierto temor

a que la celebración se diluya en medio de adornos y regalos,

en medio de luces de bengala,

en medio de árboles y tarjetas.


Por eso, Jesús, amigo nuestro,

no solo queremos pedirte paz y amor

sino que también queremos pedirte nos regales

esa misma pasión comprometida por el ser humano

que nos has mostrado al hacerte carne de nuestra carne,

y que aquel compromiso sea acción,

que esa acción sea reflexión

y esa reflexión sea siempre coherente.


Queremos pedirte también que

podamos tratarnos todos como iguales,

que nuestro trato sea justo y equitativo

tanto con varones como con mujeres,

tanto con niños como con jóvenes y adultos,

que sepamos descubrir el gran valor

de la dignidad humana

que tú has asumido con todas sus consecuencias.

Jesús, que nuestras actividades y todo lo que hagamos

pueda dar testimonio de esa experiencia comunitaria

que busca ser en todo instante muestra Iglesia,

que la palabra solidaridad

no sea solamente once letras que llenar

en el “crucigrama” de nuestros programas pastorales

y, mucho menos, en el “crucigrama” de nuestra vida.

Y así, con todo esto,

podamos hacer experiencia de renovación y revitalización

buscando en todo y con todos

generar aquella comunión

(que a veces llaman koinonia)

que Tú has iniciado

juntando lo humano y lo divino,

y así optar por la persona con todo lo que ello significa.


Que esta Navidad, Jesús, podamos comprometernos

en la construcción de un mundo mucho más solidario,

en donde contemplar nuestro entorno,

nos mueva a vivir con radicalidad tu mensaje encarnado,

y así anunciar que tu Amor es una forma de vida

que nos hace mejores personas, mejores ciudadanos, mejores creyentes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario